Alrededor de los años 20 del siglo pasado Antonio Machado escribió obras ensayísticas sobre la difusión de la cultura: Extensión universitaria (1918), Divagaciones sobre la cultura (1924).
Don Antonio, criado en las aulas de la Institución Libre de Enseñanza, se aleja de la idea de que una élite culta pueda regenerar a España y dice:
“Los partidarios de un aristocratismo cultural piensan que mientras menor sea el número de aspirantes a una cultura superior, más seguros estarán ellos de poseerla como un privilegio.”[1]
El poeta adquiere un compromiso social a la hora de difundir la cultura y considera que ésta debe llegar a la mayoría porque sin la extensión del conocimiento a todas las capas sociales, la alta cultura palidecerá “como una planta que se seca por la raíz”.
Sin embargo, antes de propagarla, hay que hacerla:
“Sobre todo, no olvidemos que la cultura es intensidad, concentración, labor heroica, callada y solitaria, pudor, recogimento antes, mucho antes que extensión, propaganda.”[2]
Y es en esta última reflexión en la que nos queremos centrar porque estamos completamente de acuerdo con Machado; sin duda la cultura debe llegar a todos, pero muchas veces olvidamos el compromiso que supone de trabajo, esfuerzo y humildad.
Trabajo en horas ante el libro, ante la palabra escrita o por escribir, ante el conocimiento básico y el auxiliar.
Esfuerzo de concentración, de retiro y soledad, de ir en contra de lo fácil o más llevadero. Es permanecer ahí, aun en las tardes de dudas y desaliento.
Y humildad siempre, ante los mayores, los que han hecho antes y nos han dejado gran parte del camino recorrido. Humildad porque sólo aprende el que reconoce todo lo que le queda por aprender.
Muchos viernes han pasado en estos últimos meses llenos de esperanza y de sueños en PERICVLVM, en recitales y ensayos, en la cárcel o en el Moncayo y hemos logrado apenas sin darnos cuenta que esta nueva palabra adquiera un profundo sentido, porque es nueva en nosotros, pero traída de lejos, naciente y renovadora, como la tarde de estudio en la que descubrimos que don Antonio está compartiendo con nosotros el afán por aprender cada día.
[1] Antonio Machado, “Divagaciones sobre la cultura” (1924)
[2] Antonio Machado, “Extensión universitaria” (1918)